4 de septiembre de 2015

La ortografía de la lluvia




Tienes toda la lluvia del mundo 
en tu estómago,
frunciendo el ceño,
porque el sol se te ha clavado en la frente
a estas alturas del verano.

Abarrota el agua
los surcos de las manos,
donde debía estar posada la tuya,
evitando torrentes,
dirigiendo la nube:
"el cielo es tan azul como tu sonrisa
un domingo cualquiera
en los que faltamos a misa."

Cae la lluvia,
desde la garganta hasta los pies,
transformando el horizonte
de mis pliegues
en un caleidoscopio que no ves.

¿Por qué no coges la escafandra,
te sumerges hasta el fondo
y me salvas?



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