27 de septiembre de 2015



A menudo me hago preguntas estúpidas.
¿Cuántos aviones saldrán mañana desde Madrid?
¿A cuántos les esperaran con flores en el aeropuerto?
¿Alguien que viva en Nueva York se estará preguntando si alguien (yo) que vive en España está pensando en él/ella?
¿Cuántas veces gira la peonza hasta que cesa? ¿Por qué para en ese instante y no otro?
¿Cuántas lagrimas se necesitan para llenar un vaso? ¿Ocupan el mismo espacio las tuyas que las mías?
¿Cuántas parejas rompen y se reconcilian en un minuto?
¿Una vida te parece suficiente para todo?
¿Cuánta gente está sentada en el cine, deseando pasar la mano por el hombro de su acompañante pero no lo hacen?
¿Es el diazepam la solución para quien tiene miedo a volar?
¿Y qué solución nos dan para los que no queremos dejar de hacerlo?
¿Cuántos pájaros caben en mi cabeza? ¿De verdad basta mi pecho para tus alas?
¿Por qué medimos el tiempo? ¿Para qué sirve una cárcel que sólo me aleja de todos?
¿Tienen alma las abejas? ¿Quién creó el miedo a las polillas?
¿Dónde estás que no te veo?
¿Por qué no sabes leer los mapas?
¿Cuánto más vas a tardar en llegar?

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