Quizás despiertes un día y pueda enseñarte la convivencia absurda con el miedo y el precipicio de la vida. Y verás que no ha sido nada, solo un mal sueño.
Aún recuerdo el miedo de desnudarme por primera vez ante sus ojos, de la cobardía y protección de la luz apagada, de las manos frías que me iban a tocar...del miedo que me paraliza y me calla, del miedo que se agarra a la garganta, y no me suelta, y no me suelta...Tardé tiempo en comprender que el miedo se me iba cayendo igual que la ropa con el regocijo que encontraba en su mirada. Pasó de estar la luz apagada y el nudo en la garganta, a tener la plena luz del día, con la ropa por el suelo y sus ojos clavados en mi...mientras el miedo se torturaba en el suelo, muerto de frío.