- Podríamos irnos a una isla desierta con mucho sol para tostarnos y conseguir que las endorfinas se nos salgan hasta por las orejas.
- Una isla desierta...para colgar las banderas que yo quiera...
- ¿Como?
- Na, cosas mías. Vale, por mi genial, nos vamos a esa isla pero búscala tu.
- Vale, yo me encargo. Oye, ¿y si mañana nos vamos al Taj Mahal? ¿Lo conoces?
- No, nunca estuve pero dicen que es bonito.
- Genial pues también iremos.
SILENCIO
Nos miramos y ese instante bastó para darnos cuenta de que por un momento fuimos lo que quisimos ser. Y nos aterró el vértigo de lo (im)posible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario