3 de diciembre de 2008

Corazones corrientes I

Se quedaba dormida escuchando el runrun del corazón. Siempre pensó que era un músculo diferente, distinto al tacto, al color, a todo lo conocido. Nunca se está seguro de como suenan los corazones corrientes, ese desde luego no lo era, si con un ritmo constante y aletargante o como un conjunto de maracas. Supo que el suyo se acompasaba sin quererlo al sonido que salía del aquel pecho, que juntos entraban en sintonía y así pasaban la noche, contemplando la vida que no perece.
Y ese sentimiento de eternidad la enamoró.
Más tarde llegó la respiración que agitaba las velas, haciendo temblar la luz de las paredes, pensando que el techo se les vendría encima. Pudiendo ver como se deslizaban las sombras durante un día entero, sin aburrirse, desprestigió el tiempo que pasaba.
Y eso hizo que no pudiera separarse jamás (como el runrún del corazón). Rompieron la espiral.

  Querida Lola, amor mío,  hoy hace veinte años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti, y he soñado contigo. Jamás habrá un s...