No debieran esperar los besos en las bocas
que desean desquitarse de la nostalgia.
No debieran haberse llenado las calles de recuerdos,
mi cuerpo de sombras, mi memoria de retazos.
No tendríamos que saber que cada instante es
un grano de arena que se escapa,
que vuela y que se pierde.
Y todo porque sería estupendo estar seguros
de que algún día tendremos la ilusión intacta
de saber que alguien nos devolverá lo perdido,
que todo tendrá sentido.
Y los besos dejarán de esperar.
Y en las calles se crearán mundos.
Y mi cuerpo será reflejo y mi memoria, pequeña.
El tiempo no será tiempo cuando las bocas sepan a…
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