He recordado el sinsabor de las mañanas en las que el cuerpo se levanta dolorido por haber dormido y no haber soñado. Mañanas (casi noches) donde la taza de café medio vacia espera en la cocina, agria y amarga, sabemos que la tomaré sola (no sin azucar, no, de alguna manera habrá que endulzar estar sin compañía), la tostada morada a la izquierda, la televisión que suena en el salón, esa que nadie oye, las preguntas al aire sin respuesta acerca del tiempo (¿lloverá?).
Había olvidado hasta entonces el mal sabor de boca que deja desayunar a solas, fumar a solas...y es que la soledad puede masticarse cuando las mañanas comienzan siendo noches.