Me cansé de vivir con la prisa del incendio siempre acuestas.
Así que me paré para escuchar
el flujo de la sangre por el cuerpo,
preguntándome,
qué será de nosotros cuando el fuego falle,
se apague
y apenas nos quede el consuelo de contemplar las ascuas,
Qué haremos salvo danzar en torno a las cenizas,
que nos recuerdan quiénes fuimos
hacia dónde quisimos llegar
y no alcanzamos.
Abrigaré tu risa,
entonces,
cuando el humo de las llamas nos envuelva,
abrigaré tu risa
y compondré el camino hacia otra hoguera
con tu nombre,
con la luz del fuego que devora todo.
Enseñaré
tu pecho en la penumbra,
cobijo de esperanza para aquellos hombres buenos.
cobijo de esperanza para aquellos hombres buenos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario