Contra el viento,
he ahí la espiga que dobla su estructura
en cada embestida de aire puro,
haciéndose grieta transparente en el soplido.
Qué culpa vamos a inferirle a ella que,
contra todo,
lucha erguida para sostenerse.
Qué podremos ofrecerle salvo cobijo,
salvo estas manos cubiertas de barro
o esta boca de arcilla imberbe,
si frente al incierto dominio de lo inasible,
tan solo podemos medir el desconcierto de la raíz
que con la razón oculta,
que con la razón oculta,
se adhiere a la tierra
sujetando el vendaval que desconoce.
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