Sólo el cuerpo sumergido por la incógnita
se despereza con el impulso de Goliat
entre los dientes.
Emerge el pulso sobre las moléculas
del pozo,
-no había fondo-
te decía,
mientras tú bajabas la cabeza
emanando burbujas de duda.
Frente a la escena,
un cuervo negro como tu pupila nos observa,
preguntándose
en qué momento
en qué momento
tus ojos darán forma a su garganta.
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