7 de enero de 2015

Shovelace


Te marcharás mañana
y yo no lo sabré
hasta encontrar de golpe
la arena de mis ojos seca,
por la ausencia perpetua
de tus ojos océano-mar.

Esbozaré entonces el hueco
que inicia el vals de las hojas secas
en el otoño que olvidaste mencionar,
no viviremos.

A partir de ahí,
me verán recoger con delicadeza las nieves,
trenzar los vendavales,
contemplar el ardor tenue
de un Febrero sin ti.
Lamento que sean otros los que observen
el silencio que aparece
(minutos antes)
de que caiga la última manzana
de mi pelo antes de la primavera.

Y así,
entre el tiempo que perdemos,
avanzará el linaje de la lluvia
dejando en cada junco tras su paso,
el olor a madera del recuerdo
de quien encierra,
hasta el infinito,
el último retazo de mi infancia.



Buen viaje.

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