16 de noviembre de 2014
A Pablo
Hubo un día en el que llevábamos el color y el tamaño
de las baldosas de Madrid
impregnados en la suela de los zapatos.
Del tiempo sólo sabíamos que pasaba
entre los árboles y la cafeína impuesta en vena.
Nos conocimos con las palabras atragantadas
y una bala en la recámara que nunca disparamos.
Nos perdimos y
aún hoy,
seguimos sin encontrar la mejor figura de nosotros mismos,
depositando en el pasado
la esperanza del futuro que desconocemos.
Por mucho que no creas,
aún llevamos dentro el espíritu que podría quebrar el mundo.
Cuento los encuentros por sonrisas.
Las celebraciones por caídas.
Las certezas por mil y una dudas no resultas.
Después de todo,
nunca se nos olvidó cómo seguir bailando.
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