21 de febrero de 2014

Pablo y sus aviones


En lugar de soñar con aviones 
me encontré mojado bajo la lluvia de Madrid,
deseando que en cada avión que despega
se evapore la oportunidad de un beso de bienvenida.

Me vi empapado,
esperando a la puerta de casa con un ramo marchitado de flores,
con un billete de metro de ida,
que si es de vuelta,
mañana volveremos a empezar.
Veremos volar aviones,
o besos que no llegan,
o lluvias que mojan y no empapan
pero purifican.

Tranquilo, mójate y respira.
El beso que no llega deja 
un hueco espléndido para la bienvenida del siguiente.

Ese día, no sabemos como, saldrá el sol.
Y, si el tiempo dice que toca lluvia,
bailaremos al compás de las gotas en el aeropuerto.



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