7 de enero de 2009

pequeña

Hay veces que las lagrimitas de los zapatos me recuerdan a ti y me cuesta caminar. Me siento en el suelo sintiendo la fuerza de la gravedad sobre mi cuerpo, como esperando el abrazo de la pared sobre la que reposo. Suspiro, te recuerdo, fuerzo una sonrisa y me levanto. Por una vez no hubo más salida que ser adulta (aunque ahora me arrepienta), que ni si quiera pensase en ofrecerte a cambio de tus miedos una piruleta con forma de corazón (o un chupa chups de mora) no me deja en buen lugar. Hablé con mi niña y le pregunté por que en el momento en que mas la necesitaba echó a correr. Me dijo algo así como que fue a buscar a tu niño, que habían quedado para ir al parque y comer nubes de gominola. Ante tal razón no cabe discusion alguna, yo hubiera hecho lo mismo.
El caso es que la lagrimitas de los zapatos se secarán porque hice un pacto con el viento. Si él se encarga de secarme las lágrimas yo me quedo contigo por muy fuerte que sea el aire que corra y nos separe. Ya he firmado el contrato, no hay vuelta atras.

¿Unas chuches? Aprovecha, vengo cargadita de caramelos y de sueños pequeñitos con sabor a lo que siempre quisiste ser.

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