6 de enero de 2009

http://www.youtube.com/watch?v=hV5uHuqaT98

No supimos en aquel instante que llorábamos a un hijo al que no pudimos criar. Nos limitamos a hundirnos en el beso, ultimo o primero de tantos, que rearfirma el silencio de dos bocas cuando se mueren de sed. Sobraron las preguntas que la piel no pudiera responder y solamente nos tocamos, nos miramos, nos sonreimos y bastó un instante para que te empapases de sangre limpia y pura. Contemplando absorta el momento en el que llorabamos a un hijo vestidos de rojo, intentando contarle que papa y mama harán los posible para que un día entienda que aún sin existir lo acunamos con las mismas manos con las que sus padres levantaban el mundo, para él.
Por primera vez no lloré a Mateo sola, por primera vez.
Hay momentos que el cuerpo no te dejará olvidar, tampoco lo permitas (me digo).

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