30 de septiembre de 2024



Hay algo extraviado en este cuerpo de hambre

que no acaba por reconocer el valor del pan.

Así que lo toma con las manos

-sucias-

para llevarlo hasta la boca

-abierta-

tratando de comprobar si su dureza está a la altura

del dolor añejo escondido en la parte honda del paladar.


Este cuerpo de hambre 

todavía recuerda el sabor arenoso de la miga seca,

la incomodidad de la corteza agria en las encías.

-los dientes recogen la memoria de la facilidad con la que masticábamos el pan la primera vez-

cuando este cuerpo desconocía la franqueza 

con la que es capaz de hablar el hambre,

porque el         aún no había entrado en nuestra casa. 

                        pan





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