1 de noviembre de 2020

 

Me siento lejos,

lo reconozco.

Me siento lejos

ahora que me recorre la travesura intrépida del mar

pero entonces

toda la montaña

- que hasta ahora era nieve, nube, me arriesgo a decir niebla-

se evapora tras una arena de cristal.

Estoy lejos,

lo sé,

los abedules crecen

-¿dónde?-

y el rumor de sus raíces brotando,

de sus hojas furiosas,

de su olor

-ahora convertido en naftalina-

me recuerda la distancia.

Este paisaje no me reconoce,

soy la hija de un espejo opaco,

al que me esfuerzo en bautizar con luz.

Y no ilumina.

Mientras tanto,

es la sombra la que me recuerda que soy aquí,

con la tormenta entre las manos,

la promesa de este paisaje entretejido de humedales y abandono.

Estoy lejos.

Lo sé.

Lo reconozco.

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