No te vistes para sortear el frío.
Te ocultas a ti mismo
de los ojos que dibujan
cómo te llamas
dónde trabajas
a quién le importa si respiras
Construimos un puente
porque alguna vez soñamos con el otro lado.
Y ahí estaba.
Nombramos
«páramo»
y surgió como de la
«nada»
un vestido de moho en las entrañas.
[La gente es y no su máscara]
Bailamos como abejas hambrientas dentro del enjambre,
yo digo
«miel»
y
me brotan zánganos de las pupilas.
[El tiempo se evapora como granos de nieve en el cristal]
Tú lloras
pero a la música sólo le importa seguir sonando.
Hay hormigas trepando panza arriba
y yo
aquí
susurrando al oído de los pájaros:
soy el horizonte de un roble desnudo,
tengo todas las raíces
al alcance de un viento
que por sutil,
me hiere y no me arropa.
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