Quizás tardase en comprender que
trenzar un vendaval
con las manos congeladas
no es fácil.
Por eso,
la huida se tornó refugio
desde el que mirarnos
con la respuesta,
como piedra escondida,
que jamás
lanzamos.
desde el que mirarnos
con la respuesta,
como piedra escondida,
que jamás
lanzamos.
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