Quiebra la trompeta desde el frente
el descanso del guerrero.
Acarrea a sus espaldas
la desdicha del recuento
(y de la suma)
de las penas,
de los muertos.
Levántate y camina.
Compón el último esfuerzo:
cierra las compuertas
de la muralla que erigiste,
no se escape nuestra sangre.
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