Cuando creías hablar de mí,
solo estabas tu frente al espejo,
contándole a tu imagen cuanta pena
eran capaces de albergar tus ojos
y cuantas veces tus piernas
habían deshecho los caminos.
Y aún así creías que todo era amor.
Narciso, te equivocas.
Una vez más el charco acabó ahogándote.
No hay comentarios:
Publicar un comentario