A las manos de Ana.
Tendría que haber prestado más atención al tacto de tu cuerpo
de haber sabido que acabaría por perderlo.
Debería haberme obcecado en guardar cada centímetro
muy al fondo de la palma de mi mano
para que ahora,
que me acaricio casi cada día,
fuese tu cuerpo quien lo hiciera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario