26 de abril de 2009

No hay que olvidar que la voz puede ser un cuerpo donde refugiarse o al que aferrarse cuando la materia como tal se ha dignado a no aparecer. Quiero decir que, en ausencia de manos que acaricien o muestren cariño hacia uno, la voz produce efectos parecidos. La voz mece y atormenta al que no la escucha en horas en que debieramos estar hablando del mundo en que habitamos, del amor que nos dieron y nos arrebataron, de las palabras que las voces olvidaron o simplemente no aprendieron jamás. El aire que transporta los sonidos que salen de la boca convierten a la distancia en un vástago torpe y sin recursos.

en definitiva, la voz puede llegar a romper el dilema de las soledades habitable y despoblada que conviven a la par.

La voz me importa porque es una vida.

Podría enamorarme de una voz que me asegure: mañana

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